domingo, 23 de junio de 2013

Otras personas
















En la vida hay familia, amigos y esas otras personas. Historias de amor sin ninguna duda.
Vértigo, sensibilidad, flechazo de danza y movimiento, disparo al corazón de los sentidos.
Infinita lealtad a ese ángel que la vida va colocando en lugares intransitables,
en la geografía de una espera, al final de una tarde entre el ritmo de tus pasos.
Sí, soy confiada, expansiva, hinchada de certeza de vivir, orgullosa de haber sabido encontrarte.
No puedo ni quiero vivir, sin las partituras de cada una de esas personas,
sin la alegría de encontrarnos, sin cada nombre en mi memoria
y aunque no sepa dónde guardas tus camisas, o de qué color es tu alcoba, somos cómplices,
de una forma de sentir y de un generoso ofrecimiento, para hacer el salto del camino, un poco más amable.
Nadie me convencerá de lo contrario, la sensibilidad, es una forma de mirar
y sólo habita en los lugares con alma.







viernes, 21 de junio de 2013

Cuando los árboles no te dejan ver





























Cuando me detengo en una persona y me gustan sus maneras,
siempre lo hago desde el corazón.
Mi madre me repetía muchas veces, no dejes de sentir, aunque te duela.
Y así lo hago, todo el día estoy sintiendo.
Comenzar a querer, es como un acceso. Maneras sencillas,
gestos silenciosos, atenta y confiada la mirada.
Justo lo que me contaban los vecinos, cuando iba a la escuela.
Ellos siguen con sus vidas de siempre,
me paro a saludarles y a respirar quién soy,
casi no me recuerdan, pero me abren sus casas.
La hija de Sol, me dicen, tu padre es un gran hombre,
no lo voy a conocer...
y qué dulzura siempre la de tu madre...
Soy feliz, recogiendo esa siembra tan valiosa.

Por eso cuando entre el asfalto de la ciudad,
se evita el saludo, que no se puede rentabilizar,
me dan ganas de ir corriendo, a mancharme las manos,
con la tierra de las suyas y respirar el orgullo
de sentir que es mi Lugar





jueves, 20 de junio de 2013

Dulce tarde





















Un día le pregunté a mi amiga Blanca, si sabía de alguien con quien compartir
mis ganas de poner color a la danza y a las palabras de la emoción,
conozco a la persona, me dijo, se llama Leyre. Un día de brillo en los ojos.
Disfruto ahora estudiando su matemático paso y su cuerpo en vocación,
entrena todos los sentidos.
Es emoción en movimiento. Completamente elástica.
Cisne que jamás descansa.
Algunos días la espero detrás de la lluvia
y viene corriendo a enseñarme sus pasos,
frescos cambios de equilibrio, que me dejan sin respiración.
La verdad es que exprime hasta la última gota de su aliento.
Una tarde quiso caminar de puntas, por un dulce paisaje de la infancia.
Fui feliz en ese viaje,
aprendiendo la geometría de sus ganas de vivir









martes, 18 de junio de 2013

Lo que uno siente













Interpretar es una necesidad, una forma de vivir un poco mejor. Quizá la caricia de un sueño que no logramos alcanzar, pero que al levantarte cada mañana, insiste.
Ejecutar una pieza musical o representar un texto dramático, sí que es interpretar y cuando su precisión alcanza altura y sensibilidad, es un regalo de los dioses.
No todos podemos subir a un escenario a interpretar otras vidas
y elegir con seguridad, la piel en la que más cómodos estamos.
Mientras escribo, un hombre y una mujer, en una esquina de este mundo, se están dejando de amar, o tal vez no se amaron nunca.
El miedo nos hace inventar una fe. Luego van creciendo las razones, que nos atan a unas raíces
y así puede ser toda una vida.
Hay a quienes se le cruza la ilusión de interpretar otras vidas, soltarse las ataduras,
caminar por la cuerda floja, del vértigo de identidades. Este momento, suele coincidir con la mirada de alguien que te dice, que por ti lo dejaría todo. Siempre sucede igual.
Otra vez a interpretar, creerse que es posible la inspiración de una nueva vida
y sostener la mirada de quien eres. La mirada sin amor, claro.
¿Quién salva la memoria de lo vivido, en este escenario de reproches?
No todo el mundo sabe interpretar a Hamlet.
Hace falta valor para representar lo que uno siente












viernes, 14 de junio de 2013

Casa encendida













Me gusta que existan las palabras, las que cuentan, las que sienten, las que expresan.
Para mi es importante la tuya y me gusta saber, que de cuando en cuando, entras en mi armario
y te llevas algunas maneras, que no van mal con la tuya.
Si tú no entraras a mirar que todo está en su sitio, si no me hubieras contado,
que con la bufanda sencilla de algunas palabras, respiras mejor
y encuentras algún instante, más amable.
Si no me hubieras escrito, para nombrarme cómplice y extraña amiga.
Si tú, él, ella, vosotros, no escucharais mis latidos y los trazos de algunos sueños,
mi fuerza no sería la misma.
Con esto quiero decir, que me costó sentirme digna, pero ahora que tú me visitas, me alientas
y me invitas a creer, miro a la vida de cerca, sin miedo.
No dejes de pasar por casa, está siempre encendida




miércoles, 12 de junio de 2013

Quién me dice cuándo acaba la infancia


















Un día llegué a los diez años,
era una edad solemne,
pero no ocurrió nada.
Me quedé inmovil,
insegura, como cuando tenía nueve.
Pero me sentía bien,
siempre quise tener una hacienda.
La edad creo que se tiene.
Yo no quería ser mayor,
quería una llave para esconderme,
hacer el recuento de sueños
y comprobar que siempre
faltaba uno.
Inventaba mentiras,
para merecer algún perdón
y escribía dudas cada mañana
para ir a la mesa de la maestra,
olía tan bien lo que me enseñaba.
Quién me dice
cuándo acaba la infancia
y si aún estoy a tiempo de creer
que el horizonte se construye,
si tú eres el norte



jueves, 6 de junio de 2013

Colecciono almas azules







Tengo ya muchísimas,
sujetas con una goma, las miro, las cuento,
las ordeno sobre la mesa, anoto las que me faltan,
son las más difíciles de conseguir.
Tengo muchas almas repetidas,
nadie me las quiere cambiar,
busco las que respetan, las que dejan ser, las que no me juzgan.
Las que aman cuando tienen hambre,
las que se quedan solas y comienzan,
las que miran,
por cierto, la otra tarde me crucé contigo,
¿no te apetecería vivir en azul?