Mostrando entradas con la etiqueta edad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta edad. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de junio de 2013

Dulce tarde





















Un día le pregunté a mi amiga Blanca, si sabía de alguien con quien compartir
mis ganas de poner color a la danza y a las palabras de la emoción,
conozco a la persona, me dijo, se llama Leyre. Un día de brillo en los ojos.
Disfruto ahora estudiando su matemático paso y su cuerpo en vocación,
entrena todos los sentidos.
Es emoción en movimiento. Completamente elástica.
Cisne que jamás descansa.
Algunos días la espero detrás de la lluvia
y viene corriendo a enseñarme sus pasos,
frescos cambios de equilibrio, que me dejan sin respiración.
La verdad es que exprime hasta la última gota de su aliento.
Una tarde quiso caminar de puntas, por un dulce paisaje de la infancia.
Fui feliz en ese viaje,
aprendiendo la geometría de sus ganas de vivir









martes, 16 de abril de 2013

Una mujer nunca es sólo una mujer
























Cruzaste la acera para abrazarme
y decirme lo mucho que disfrutabas,
estos trazos de miradas que cuentan
y de palabras que miran,
construyendo una ilusión.

Tantas veces quise preguntarte
si me habías perdonado,
por entrar en tu vida, sin pedir permiso,
sin  identidad, sin sueños y con tantos miedos.

Ahora que estamos en otro camino,
que compartimos el orgullo
de saber que fuimos en la vida,
puedo decirte que la mujer a quien tú enseñaste,
a dar brazadas de amar
y a celebrar el encuentro,
de dos manos sobre un mantel,
es a quien estaba buscando,
la lección de dignidad imprescindible,
para ver hermoso lo que quiero.
El abanico de los gestos de ahora,
sensibles como el vértigo de una lágrima
y potentes como el tren que avanza,
por una estación muy meditada,
te reconocen entre ellos.

Gracias por cruzar la acera
y por venir a hablarme de nosotros.
La vida se entiende mejor,
con la memoria  de tus ojos y  la de los míos



















miércoles, 3 de abril de 2013

Bufanda de lluvia

La bufanda de la distancia,
descifra a corazón abierto,
la lista de sentimientos
y el esqueleto que más duele,
cuando te echo de menos.
Dime cuál es tu sueño,
quisiera volver a preguntarte,
en vez de decirte tantas veces,
no ese no, que te puedes caer,
tampoco el otro es bueno para ti.

Qué manía de entrenar
para lo que hace todo el mundo.
Ahora quiero recibirte de nuevo,
que hablemos de tu sueño, sí
quiero que camines los pasos que decidas
y que ocupes el lugar de tu universo.
Con tu equipaje,
con las mareas de tu mirada,
con tu declaración de intenciones.

La bufanda de la distancia,
guarda en la memoria,
las pócimas esenciales
que construyen tus nuevos proyectos.
Y sabes una cosa,
ya no quiero vivir
sin las notas de esa certeza,
aliento que me empuja
y amor en las entrañas,
cuando te nombro y te siento
en esta tarde de lluvia.






jueves, 28 de febrero de 2013

La edad de la tarde

Algunas tardes pienso en la edad,
el botón de la costumbre equivocada.
La dignidad por sostener una opinión.
Lección de camino, tropiezos
e infinita sabiduría.
Pareja de vida a medias,
uno elabora los discursos,
el otro extravía las palabras.
Nuevo alfabeto del amor.
La hora del paseo, la de las pastillas,
cartografía que no señala el norte.
Nuevo alfabeto del amor.
La hora de la comida,
uno decide el guiso,
el otro sueña con sugerirlo
y ya no recuerda qué.
Qué más da,
seguro que sería riquísimo.
Nuevo alfabeto del amor.
Que esto no se hace,
que esto no se dice
y la edad insiste
en llevar las cuentas de la casa.
Dichosa voluntad de sostener,
la razón que todos les niegan
y una memoria de haber entregado
todo el pan y la lumbre.
Comparten en esta estación,
el miedo de la edad,
el paso frágil
y a veces, la mirada un poco perdida









miércoles, 6 de febrero de 2013

A mi madre y a mi

A ti te escribo cada día cuando me miro.
En aquellas tardes de infancia,
que eran fiesta cuando abrías la puerta,
de aquel cuarto oscuro, en el que te curabas.
Verte sonreír, era siempre el mejor regalo.

Cuando miro a mis hijas,
cuando tiemblo entre sus sueños,
o cuando me duele la piel de sus tropiezos,
te miro también y te siento.

Cuando vendías las hortalizas
en el Mercado del Sur
y separabas una moneda de tu mandil,
para comprarme aquel vestido de flores,
para estrenar el domingo de Ramos,
emoción entre tus manos y las mías.

Y cuando me enseñas,
todos los días de tu vida,
cómo administras la fuerza que te queda
y descifras la melancolía,
que sostiene mi intemperie,
lo entiendo todo madre,

mis sueños, eran también los tuyos.










Lección de edad


A veces si interrogas la casualidad,
acaba confesando el propósito de los pasos,
las grietas por donde respira el latido del sueño.
La reflexión es personal,
no puede hacerse con quienes amas.
Tan sólo la mirada libre y confiada,
permite avanzar sin miedo.
Amar no es posible entre rejas.
La casualidad existe también
y no me digas que no es hermoso recordarlo


martes, 5 de febrero de 2013

Mi padre

Mi padre buscó un futuro mejor para la familia,
un campo más vivo para la siembra
y para ver crecer a sus dos hijos.
Siempre quiso que nos formáramos,
para ser personas dignas,
pero él nos enseñó la mejor lección:
el compromiso de la palabra.
Costaba a veces entender
la seriedad de sus maneras
y quería que viviéramos,
buscando el cielo en cada día,
con vocación y sencillo equipaje,
con la mirada muy limpia
y el sueño muy tranquilo.
Lo recordaré con sus manos manchadas,
de revolver entre la tierra.
Algunos días mi infancia estaba triste,
porque soñaba un padre con corbata,
pero llegué a tiempo de entenderlo todo
y quererle con toda mi alma,
manchada también de tierra.
Esa es la estación de ahora.
Y a él le hace feliz saberlo.













viernes, 25 de enero de 2013

El viaje de la edad

Quiero sentir el amar lento donde fermenta el mejor vino,
mirar lejos, tal vez soñar juntos.
Que me enseñes, que hay idiomas distintos en las orillas del alma,
cogernos de la mano del miedo y correr hasta encontrar la luz,
sentir la fuerza de todos los que te quieren
y empujarán ahora, el horizonte difícil de los quehaceres.
Quiero aprender a reconocer la riqueza del suelo,
el clima, la disposición de las viñas,
que me hables sobre la belleza de envejecer,
cómo se potencia el sabor de los años,
sí, quiero marearme lentamente con el color intenso de tu mirada,
con las manos libres para creer en el amor
y en la fuerza de un hombre y una mujer,
que construyen a medias
el viaje de la edad