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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Mirada sin prisa











Las razones por las que dos personas se encuentran en una curva del esqueleto, se miran, se tocan y deciden caminar, o bailar juntos, permanecerán guardadas en la razón o en el inconsciente de cada uno.
Quizá una forma de querer o de impulsar mejores maneras de ser, quizá ese intercambio de alimento, para enamorarnos de la vida cada mañana, una nueva manera de sentirnos, que nos da alas para creer que es posible, cumplir aquellos sueños, que un día dejamos a medias.
No podemos enfadarnos, porque nadie nos dijo que el camino iba a ser fácil, así que es comprensible que  las palabras afilen sus cuchillos, que la orilla pierda su territorio, que se borren las huellas más sagradas del camino recorrido, que la memoria juegue una mala pasada y nos haga olvidar, que un día fuimos felices, creyendo que habíamos encontrado unos pasos, capaces de construir una mirada en la que perdernos y dejarnos fluir, queriéndonos, como si fuera lo más importante que había que hacer, sin prisa.

martes, 14 de mayo de 2013

Way out





























En la casa donde nací
no había libros por el suelo, ni juguetes, ni ropas
ni estanterías, ni sillones, ni lámparas de lectura,
no había vida.
Pero había ventanas,
por eso aprendí a mirar a fondo
la biografía que inventaba,
a desnudar los pensamientos por la mañana,
cuando sentía que era libre.
Y aprendí a leer el alfabeto de las bocas. Es así.
Supe entonces, que lo que me decían,
casi nunca era lo que pensaban.
En ese momento, quise hacer el equipaje
y buscar  solo a personas
que me hablaran de la soledad del alma,
de los renglones que tenía que saber,
de las señas para encontrar mi piel,
personas que quisieran por defecto,
que celebraran sin más,
que me dieran la mano,
mientras hacía las cuentas de una tarde,
en la orilla de un café,
mientras la lágrima del amor propio,
de esta puñetera construcción,
me decía que abandonara ya,
mientras buscaba la hora
en los ojos de la mesa de en frente.
La prisa de la soledad,
el mareo del cisne en la orilla,
cuando olvidaba los mapas de los sueños.
Aquel miedo a perderme.
Aquel sueño de perderme.
Las ganas infinitas de ser
y de no hacer daño...
la tristeza de no atreverme del todo,
a viajar la soledad sin prisas

miércoles, 17 de abril de 2013

Elogio de humanidad













Redimir lo silencioso, lo humilde
y hacer de ello reflexión y disparo de la emoción,
móvil de expresión de la vida,
constituye el decidido orden del día
de la mirada y del temblor de mis dedos.

En este camino de sanación y expresión individual,
dejo hablar a la intuición
y me gusta hacer importante lo trivial.
No hay dolor alguno
en mis disparos, en la sien de la complicidad,
quiero inventar los secretos
para que me los cuente tu alma,
quiero nombrarte para que existas,
que veamos juntas, tu mejor lado,
reducir la distancia entre tus ojos y los míos
y saborear sin tregua el instante de confianza.

Quiero que te reconozcas en mi retrato,
mostrarte el horizonte de intenciones
que veo desde el otro lado
 y aunque éste no es el mejor
de los mundos posibles,
sentir la alegría de tu emoción,
cuando pronuncio tu nombre


martes, 16 de abril de 2013

Una mujer nunca es sólo una mujer
























Cruzaste la acera para abrazarme
y decirme lo mucho que disfrutabas,
estos trazos de miradas que cuentan
y de palabras que miran,
construyendo una ilusión.

Tantas veces quise preguntarte
si me habías perdonado,
por entrar en tu vida, sin pedir permiso,
sin  identidad, sin sueños y con tantos miedos.

Ahora que estamos en otro camino,
que compartimos el orgullo
de saber que fuimos en la vida,
puedo decirte que la mujer a quien tú enseñaste,
a dar brazadas de amar
y a celebrar el encuentro,
de dos manos sobre un mantel,
es a quien estaba buscando,
la lección de dignidad imprescindible,
para ver hermoso lo que quiero.
El abanico de los gestos de ahora,
sensibles como el vértigo de una lágrima
y potentes como el tren que avanza,
por una estación muy meditada,
te reconocen entre ellos.

Gracias por cruzar la acera
y por venir a hablarme de nosotros.
La vida se entiende mejor,
con la memoria  de tus ojos y  la de los míos